¿De verdad llorar es síntoma de fragilidad?

Jugadores de la selección brasileña fueron criticados por llorar en el campo ante Chile. Aunque no solo ellos lloraron en Brasil 2014. Para psicólogas consultadas por Terra, llorar no solo no es debilidad, sino que es sano.

Publicação internacional do Terra em 03/07/14

Dolor, decepción y llanto entre jugadores y aficionados mexicanos al quedar eliminados del Mundial de Brasil 2014. Foto: Getty Images

Dolor, decepción y llanto entre jugadores y aficionados mexicanos al quedar eliminados del Mundial de Brasil 2014. Foto: Getty Images

Mucho se está criticando estos días a algunos jugadores de la selección brasileña por llorar escuchando el himno, o al momento de los penales ante Chile. Una controversia alimentada por el propio DT de Brasil, Felipe Scolari “Felipão”, que llegó a contratar -y a comunicarlo a los medios- una psicóloga por la “fragilidad emocional” de sus chicos. Mientras, en la vecina Argentina, hasta los narradores de radio y TV lloran con los goles del equipo… y ni hablar de los hinchas.

La humana es la única especie que llora por motivos emocionales y no se sabe bien el porqué. Diversas teorías intentan explicar por qué lloramos, algo sobre lo que los científicos aún no tienen certezas.

Las respuestas de nuestro cuerpo suelen tener un motivo claro: pero mientras la adrenalina acelera el corazón para que nos preparemos a la lucha o la huida, por ejemplo, parece que, a no ser que se nos haya metido algo en los ojos, secretar agua cuando sentimos emociones fuertes no tiene una aparente utilidad, es más, el llanto puede jugarnos malas pasadas al llegar en situaciones en las que nos gustaría controlarnos, como en el trabajo… o cuando estamos a punto de intentar marcarle un penal a Chile, por ejemplo.

¿Entonces por qué lo hacemos? Y, ¿es conveniente controlar este reflejo?

Terra consultó a las psicólogas brasileñas Deborah Bretas y Marina Vasconcellos, que, al margen de explicaciones evolutivas o fisiológicas, resaltan que llorar es no solo es humano, natural, y espontáneo, sino además recomendable y necesario.

“Llorar es la expresión de una emoción intensa, cuando la emoción trasborda. No tiene nada de intelectual y por ello no se puede contener; es natural, contagioso y nos pasa a todos, no solo lloran los jugadores, lloran los hinchas… hasta yo lloro oyendo el himno, que es emocionante”, dice Vasconcellos, que añade que elreprimir las emociones con frecuencia trae consigo enfermedades como depresión, úlcera y otros problemas de estómago, tensión o dolor de cabeza, entre otros males.  Tanto Bretas como Vasconcellos recuerdan además que llorar supone un alivio, incluso aunque nos pueda dejar cansados por la tensión que acumulamos en la musculatura.

No se trata de debilidad sino de sensibilidad, quienes más lloran son aquellos que sienten y que se permiten hacerlo. El hombre se reprime más, por aquello de que ´los hombres no lloran´”, dice la especialista.

No hay llanto inapropiado, sino lugar donde llorar es inconveniente y puede ser malinterpretado”, considera por su parte la psicóloga Bretas. “No es bueno controlar un acto natural y saludable. A veces, como estamos socialmente condicionados por una civilización compleja y aún primitiva, se torna necesario como estrategia… pero no es bueno”.

Reflejo de la niñez

Una teoría asegura que el llanto expresa docilidad o sumisión, lo que puede ayudarnos en momentos claves ante un potencial depredador. También se cree que el llanto, cuanto practicado en sociedad, refuerza vínculos afectivos.

Sin embargo, esto no explicaría el por qué lloramos en soledad o, incluso, en momentos inoportunos.

El motivo podría ser que el llanto, involuntario, es un reflejo de la niñez, cuando las lágrimas pueden indicar a nuestra madre que nos sentimos mal, en lo que supone una alerta más discreta que un grito, por ejemplo. Esto, claro, sería una ventaja en un encuentro con depredadores. Considerando esta teoría, no es que el llanto signifique debilidad o poca hombría, sino que simplemente sería una respuesta evolutiva y natural.

De estas teorías se ocupa el psicólogo holandés Ad Vingerhoets en su libro Por qué las personas lloran, desvelando el misterio de las lágrimas. Vingerhoets es uno de los pocos científicos en el mundo que se ha dedicado durante años a estudiar el porqué de nuestras lágrimas.

“Las lágrimas son algo muy simbólico” dijo Vingerhoets al diario The Guardian.  “Son señal de desamparo, especialmente durante la infancia cuando los humanos son más vulnerables”.

“Cuando otros animales envejecen, ya no más emiten señales de socorro, presumiblemente porque es demasiado peligroso”, dice Vingerhoets. “Sin embargo, en los seres humanos se pasa de usar la señal acústica, emitida en todas direcciones, a usar la señal visual de las lágrimas, que propicia especialmente las interacciones más íntimas”.

“La verdad es que llorar es una expresión más de la capacidad de comunicarse. Es humano, y no tiene sentido basarse en el comportamiento animal para explicar algo que en realidad es propio de otra especie”, considera Bretas.

Mostrarse fuerte frente al rival

Aunque tratar de contener el llanto no es recomendable ni fácil, hay momentos clave en que mostrar entereza es fundamental. A este respecto se pronunciaba este martes en entrevista con Terra el psicólogo deportivo João Ricardo Cozac, presidente de la Asociación Paulista de la Psicología del Deporte, que cuestionó al capitán de la selección de su país Thiago Silva:

“Puede llorar, es una forma de exteriorizar la emoción. Pero, ante un momento importante y decisivo, ver el arquero y al capitán llorando y al entrenador, en vez de calmar y motivar, permanecer en la orilla del campo quejándose del arbitraje e insultando a adversarios demuestra una falta de control emocional de las más peligrosas”.

Lo ideal es que la emoción no nos bloquee, como parece que pudo pasarle a Silva; sin embargo, la psicóloga Débora Bretas cree que criticar a quien llora refleja un “prejucio” marcado por la “ignorancia”.

“Se critica a los jugadores porque el acto de llorar se asocia a la falta de virilidad; no en vano la mujer, que llora más, es considerada inferior (aún hoy, en muchos casos)”, cuenta aTerra.

“En una batalla se espera rabia y ganas de vencer, y no debilidad. El llanto causa además incomodidad porque revela una intimidad, el estado interior de una persona que debe estar siempre escondido. Llorar en público transgrede este pacto y por eso choca, la gente se irrita porque no sabe cómo reaccionar, qué hacer ante ese llanto”, explica la psicóloga.

¿Y las lágrimas de alegría?

Desvalidos, tristes, desamparados y pidiendo ayuda solemos llorar. ¿Pero qué pasa con las lágrimas de alegría? No son pocas las veces que lloramos de júbilo, y si no que se lo pregunten a los hinchas argentinos cuando el gol de Di María salvó en los últimos minutos de la prórroga del Argentina-Suiza la clasificación para cuartos en el Mundial de Brasil 2014.

Estas lágrimas de alegría, involuntarias, muestran un sentimiento sincero y desbordado y con certeza refuerzan los vínculos afectivos.

Las lágrimas de alegría son puro disfrute y emoción, no hay cómo ni por qué reprimirlas y no nos dejan cansados o desgastados como a veces lo hace el llorar mucho por tristeza” dice Vasconcellos, que destaca que llorar de alegría no tiene nada de ridículo, y que, con lo que aún resta de Mundial, “nos quedan muchas emociones por demostrar”.